El rezo de la noche

El rezo de la noche

Javiera | Publicado en junio 14, 2016

Ya se instaló como parte de nuestra rutina: rezar es la última actividad del día con las niñitas. Comenzó para transmitirles la fe, pero hoy se ha convertido en un hito diario. Por eso, más allá de la religión que se profese, les comparto los beneficios que he ido descubriendo de nuestro rito, como momento de revisar el día y conversar:

1. Agradecer. Partimos dando las gracias por el día que pasó y luego cada una debe agradecer algo especial de su día. Es un momento lindo donde ellas están aprendiendo a valorar lo que tienen, lo que hacen, lo que reciben y en el diálogo las voy conociendo más, que cosas le marcan y las hacen feliz.

2. Pedir. Seguimos pidiendo. Acá pasamos más rato del que me gustaría, sobretodo porque la Agustina (3 años) pide hasta por las muñecas… tengo que armarme de paciencia y lidiar con que respete los turnos. Pero lo lindo de este momento es que han ido aprendiendo a preocuparse por otros, no solo ver sus necesidades sino que de personas que lo están pasando mal, personas más desfavorecidas, etc… suelo enterarme de cosas y descubrir algunas de sus preocupaciones.

3. Pedir perdón. Terminamos pidiendo perdón por algo en lo que nos equivocamos durante el día o que podríamos haber echo mejor… Yo también hago mi mea culpa para mostrarles que todos cometemos errores, nos podemos arrepentir y tratar de mejorar (tratando de enseñar la humildad). En ellas ha sido esquisito verlas cómo empiezan a hacerse conscientes de sus errores y junto a eso, le pedimos a Dios que nos regale un corazón “más generoso”, “más paciente” o lo que corresponda para esforzarnos a mejorar.

El rezo de la noche se ha convertido en una instancia clave para darnos un tiempo para conversar, educar y descubrir cosas que la rutina muchas veces no nos deja ver.

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