California

California

Paula | Publicado en agosto 31, 2015

Mientras vivimos en Estados Unidos quisimos aprovechar de conocer lo más posible, y el destino final de nuestra estadía fue California. Aprovechamos la venida de mis suegros para hacer una parte del recorrido con ellos y la otra parte solos los 4 (hijos de 4 y de 2 años). Fue un recorrido poco común ya que empezamos por lo que mis suegros no conocían.

A continuación les cuento qué hicimos, y cómo fue la experiencia de recorrer California, sus playas, parques y atracciones en familia.

Primera parada: Yosemite, imperdible

Llegamos a San Francisco y en el mismo aeropuerto recogimos el auto que arrendamos con tiempo. La idea era partir en seguida a Yosemite, ya que San Francisco lo dejaríamos para el final, pero nos tentamos y dimos una vuelta por el centro, por el famoso Pier 39 y cruzamos el Golden Gate. Una primera impresión antes de partir a Yosemite.

Casi 4 horas nos demoramos en llegar a Yosemite, fuimos en el mes de mayo y todavía hacía frío. En el camino veíamos cómo bajaba la temperatura y observábamos un paisaje poco atractivo. ¿Valdrá la pena? Nos preguntábamos. Hasta que empezamos a ver pinos milenarios, cruzamos un túnel y nos encontramos en Yosemite. La primera impresión ya nos enmudeció. Un paisaje increíble, un valle, un río, dos grandes montañas de granito, cascadas y árboles enormes. ¿qué más se puede pedir?

Llegamos tarde, recorrimos un poco el valle y fuimos a buscar nuestro alojamiento. En Yosemite casi no hay señal y poco abastecimiento. Nosotros arrendamos un refugio un poco alejado de la villa principal ya que en ese lugar no quedaban alojamientos, por eso recomendamos hacerlo con harta anticipación. De todas formas el lugar que arrendamos resultó ser súper bueno y aunque nosotros no íbamos preparados (a las 9 de la noche no hay nada donde comprar), en el refugio había una máquina dispensadora con unos salvadores Mac and Cheese.

Nos encantó haber alojado en el mismo parque, porque así, además de ahorrar tiempo en traslados, nos insertamos en lo que recorreríamos el día siguiente. Los niños ya estaban alucinados, al entrar al parque nos pasaron un diario para ellos, con una lista de posibles animales que podríamos ver. Vimos un ciervo, algunos pájaros, muchas ardillas y ellos creyeron ver un oso (con cara de rama caída).

El día siguiente recorrimos detenidamente el Parque. El Valle, observamos al Capitán y a Half Dome. Al pasar por Glacier Point se nos puso a llover así que preferimos continuar a ver las enormes Sequoias, en Mariposa Grove, donde justo paró la lluvia y pudimos sentirnos enanos al ver al Grizzly Giant (9 metros de diámetro y 27 de circunferencia!!!). Todos alucinamos. Dejamos Yosemite y alojamos en Fresno, ubicado cerca de la salida sur del Parque. No teníamos mucho tiempo, pero Yosemite tiene muchas atracciones y lugares por descubrir, creo que lo ideal sería ir con calma, hacer las caminatas y ojalá acampar o ir en casa rodante. YosemiteSequoia 2

Legoland, para chicos y grandes

De la naturaleza misma pasamos a los juegos, pero no a cualquiera. Mi familia es fanática de los legos y cuando supieron de la existencia de Legoland cerca de San Diego decidimos agregarlo al itinerario y fue increíble. De Fresno a Legoland nos demoramos alrededor de 7 horas, incluidas las paradas a almorzar y a estirar las piernas.

Llegamos directo al hotel, que queda en el mismo parque de diversiones. Para los niños parecía una película, castillo de lego, piscinas con lego duplo, además de tesoros con figuritas de lego en las piezas (que eran temáticas obviamente). Comimos y participamos con ellos en los shows, todo pensado para ellos. El día siguiente fuimos a recorrer el parque y nos encantó porque era para un público infantil. La Josefina de 4 años se pudo subir a prácticamente todos los juegos, y Martín de 2 años tenía muchas opciones también. Justo el día que fuimos se abrió el lado femenino de lego, lo que fue el hit de un día increíble. Nosotros gozamos viendo las millones de figuras armadas con este material, ciudades, animales e infinitas cosas.

Legoland 2

Legoland 3

La Joya, San Diego, el zoo y Conrado

Salimos de Legoland cuando cerró, a las 5 y continuamos rumbo a San Diego. Lo hicimos por la costa, por Encinitas y luego paramos en La Joya a ver el atardecer. Tuvimos suerte, porque llegamos de casualidad a un mirador precioso, donde veíamos las increíbles casas de este balneario, y el mar imponente, con lobos y pelícanos.

Alojamos en San Diego, en un hotel ubicado entre el centro y la Joya, lo rico es que estaba en una península y tenía accesos a la playa (Bahía Resort Hotel). San Diego es una ciudad amplia y es útil tener auto para recorrerlo bien. El día siguiente recorrimos el centro, fuimos a ver la famosa estatua de “El Beso” entre el marino y la enfermera la cual se encuentra al lado del museo de aviones que está sobre un (barco). Dicen que es muy bueno, pero los niños no estaban tan de buena y preferimos irnos al “Balboa Park”. Un parque gigante que contiene el reconocido zoológico de San Diego. No teníamos mucho tiempo así que priorizamos: queríamos ver los elefantes y los osos pandas, ya que estos son escasos. El zoológico es enorme, con subidas y bajadas, calles y bosques entre medio. Para recorrerlo bien se necesita un día entero, no una tarde como lo hicimos nosotros pero de todas maneras fue una buena experiencia, aunque los niños comentaron que los elefantes se veían “con pena” y el oso panda “muy tierno”, igual les gustó porque entre animales y animales tienen muchos juegos para ellos.

La Joya

Zoo 3En el mismo Balboa Park se encuentra una zona de museos, muy linda, nos hubiera gustado tener más tiempo para conocerla mejor.

Dejamos el zoológico (cierra a las 5) y fuimos a la Isla Conrado a conocer el famoso hotel Conrado, el cual alojaba a la elite de san Diego, en su década dorada. Hoy sigue siendo un gran y lindo hotel donde vale la pena ver la puesta de sol y si es posible (y los niños duermen) como nos pasó, tomarse tranquilamente un aperitivo y disfrutar un minuto de calma. La isla tiene restoranes y lujosas casas para mirar. Lo más interesante es que desde el puente de acceso se puede ver la flota naval que se aloja en San Diego, y no deja de impresionar.

Los Ángeles de película

Dejamos San Diego y nos fuimos “caleteando” a Los Ángeles. Pasamos por casas de veraneo, yates, palmeras, e incluso vimos una Iglesia de las primeras misiones de la zona, finalmente llegamos a Santa Mónica, el sector ubicado en la costa de Los Ángeles, donde se encontraba nuestro hotel playero (Harbor Inn), en la Marina del Rey.

Nos encontramos con los autos lujosos, y la vida de ricos y también los tacos infernales. Después de una comida donde despedimos a mis suegros, nos dormimos con intrigas por la ciudad que nos esperaba.

Amanecimos en Los Ángeles, la ciudad de las películas, de Holywood y Beverly Hills, de Venice Beach y Santa Mónica, vecina a OC y a Malibú. Muchas expectativas cinematográficas, pero pocas expectativas reales. Muchas personas nos habían dicho “ni pasen por LA, casi no vale la pena y con niños menos”. “Está colapsada, llena de tacos y de gente en todos lados”. Con esos comentarios en mente nos dispusimos a conocer la famosa LA, también en auto ya que es muy extendida. Tuvimos suerte, era sábado y no nos encontramos ni con los tacos ni con grandes muchedumbres. Recorrimos el centro, el Gugeheim Museum y nos detuvimos en Holywood. Para nuestra sorpresa, Holywood nos encantó, no es más que una calle, pero una calle entretenida donde hasta los niños gozaron. Miramos todas las estrellas, buscamos a Don Francisco y a Lucho Gatica. Y en la entrada del teatro Kodak, el clásico de los Oscar nos maquillamos para hacernos pasar por famosos. La calle está llena de gente disfrazada y los niños alucinaron al ver a los Minions, a Elsa y a distintos súper héroes. Vimos el letrero de lejos y vivimos un minuto de fama cuando un tur de mujeres asiáticas nos pidió fotografía a nuestros niños, todo un fenómeno para ellos. Almorzamos ahí mismo, en el California Pizza y a la hora de la siesta de los niños nos subimos al auto para recorrer las calles de Beverly Hills. Con un mapa de las casas de los famosos que sacamos de Internet, recorrimos las distintas calles del millonario barrio. Obviamente las casas de las personas conocidas tenían grandes murallas, pero otras no. Es un barrio muy lindo, y donde nos preguntamos en qué usan tantas piezas!

La tarde la dejamos para la playa, llegamos a Santa Mónica y aunque es entretenida, estaba muy llena, lo mismo con Venice Beach. Finalmente optamos por la Marina del Rey, cercana a nuestro hotel, que además de playa tenía unos entretenidos juegos. Una tarde de relajo, y a pesar de un susto que pasamos (Martín nuestro hijo de 2 años no manejaba tan bien las alitas como creíamos y casi se nos ahoga, pero un verdadero Baywatch nos ayudó), disfrutamos. En ese mismo lugar hay un Cheese Cake Factory, donde comimos muy rico.

HolywoodSanta Mónica

Santa Bárbara, perfecto para descansar

Dejamos Santa Mónica, la gente y los descapotables y seguimos hacia el norte. Recorrimos Malibú y la costa hasta llegar a Santa Bárbara, un pueblo precioso, tipo español con una avenida principal adoquinada y llena de tiendas de todo tipo: restoranes, galerías de arte, helados y ropa y accesorios. Nos quedamos en la parte más tranquila de la avenida (La Quinta Inn Suits), al final, pero a pocas cuadras de la entretención. Dejamos las maletas y fuimos a recorrer, y después de caminar la calle nos instalamos en la playa, para aprovechar algo del calor que tanto echábamos de menos (veníamos de un invierno de -30 grados!).

La playa es gigante, con palmeras, muelle y mucha gente. Era día domingo y justo nos tocó la feria de arte en el paseo peatonal, muy entretenido. Los niños gozaron jugando en la arena y nosotros descansamos mirándolos. Comimos en la calle principal y descansamos para tomar energía para continuar el viaje.

Santa Barbara

HW 1, Carmel y Monterey

De Santa Bárbara seguimos a Carmel, no son tantos kilómetros pero sabíamos que era un camino lento, y donde además queríamos hacer varias paradas. La primera fue en Solvang, un pueblo holandés ubicado al norte de Santa Bárbara, con molinos y tiendas estilo europeo, lindo para parar a almorzar, nosotros pasamos muy temprano y por eso seguimos adelante, pero es una buena parada. Continuamos hacia el norte y almorzamos en San Luis Obispo, una ciudad más grande, con pocos atractivas, por lo que seguimos nuestro recorrido.

Tomamos la reconocida Ruta 1, que bordea el mar, una pista por lado, y que recorre paisajes muy lindos, entre el océano Pacífico y acantilados, tiene algo a Chile. Para los niños puede ser un poco fome este recorrido en auto, que es lento y se hace largo, pero tiene algunas paradas que lo amenizan. Nosotros paramos a ver los lobos de mar, impresionantes. Luego vimos ballenas a lo lejos, y en Big Sur paramos a ver los centenarios puentes, un espectáculo!

Finalmente llegamos a Carmel, era tarde y estábamos cansados así que optamos por irnos al hotel ubicado en la ciudad vecina de Monterey. Carmel es un balneario precioso y muy exclusivo y hace que el alojamiento sea el doble de caro que en Monterey, por eso elegimos Monterey para alojar (Ramada Limited).

SolvangPacific Hw1

El día siguiente nos levantamos temprano para recorrer Carmel y Monterey. Partimos por las 17 millas, un trayecto que pasa por exclusivas casas, canchas de golf y por lindas playas. Los niños disfrutaron porque se ven ciervos, ardillas, y cipreses centenarios. EL recorrido vale la pena. En Carmel recorrimos su calle con muchas tiendas, todas muy lindas pero no tan aptas para niños chicos, así que preferimos ir a la playa, de arena blanca y mar celeste. Los niños se quedaron escalando árboles y nosotros admiramos el paisaje. Preferimos almorzar en Monterey por tema de espacio y costo. Fuimos al muelle (Fisherman’s Wharf) y luego recorrimos la zona de Pacific Grove. Nadie nos había hecho comentarios de Monterey, ya que al lado de su vecino Carmel, pasaba desapercibida, pero a nosotros nos encantó, en Pacific Grove encontramos un calle con mucha vida, y restoranes, y cerca del muelle fuimos a la plaza de “Dennis the menace Park” (Parque Daniel el Travieso), con unos juegos increíbles donde los niños gozaron. Así dejamos la ruta 1, para llegar a nuestro destino final: San Francisco.

Carmel

San Francisco, sin duda, un lugar para niños

Llenos de expectativas llegamos a San Francisco (antes pasamos por Silicon Valley, poco brillo) y podemos decir que las superó. Aunque hacía más frío de lo que pensábamos, y tenía una vaguada costera en las mañanas, San Francisco nos encantó, y concluimos que a pesar de sus cerros (que no son tan amigables para los coches), sus atractivos son totalmente para niños.

Nos alojamos en el Motel Capri, bien ubicado y en seguida comenzamos nuestro recorrido por la ciudad. Teníamos hambre y partimos por Ghirardelli Square, un chocolate caliente con “Salt caramel”, lo máximo. Los niños felices con un helado y todos con energía para seguir conociendo. Llegamos caminando al famoso “Pier 39”, vimos sus tiendas hasta llegar al carrusel, ¡de dos pisos! Todos nos quisimos subir. Hacía frío, y había viento, pero igual observamos Alcatraz y ahí mismo, en un lugar familiar, comimos.

El día siguiente fuimos al centro, recorrimos Union Square y ahí nos subimos a un Tranvía, mejor panorama para todos. No sé cómo lo logramos, pero nos subimos (hasta con los coches) y nos fuimos casi “colgando”, esa era la gracia. El Tranvía nos dejó en China Town, donde almorzamos aprovechando la siesta de Martín (de 2 años), y donde la Josefina (de 4 años) quería comprarse todas las chucherías que encontraba, un poco peligrosas las vitrinas.

Pier 39

Tranvía San FranciscoDespués de China Town, aprovechamos que salió el sol, para tomar el auto y recorrer el Golden Gate. En algún minuto pensamos en hacerlo en bicicleta, pero nos dio susto por Martín, que tiene 2 años y los “terrible two” lo tenían muy inquieto. Pare evitar un mal rato, optamos por el auto. Pasado el Golden Gate nos bajamos en una explanada (no la primera parada, la segunda) donde estuvimos mucho rato mirando el puente, jugando a tirar piedras al mar, y viendo cómo pescaban jaibas. Buen panorama para todos. Aprovechamos de conocer Sausalito y caminar por la costanera.

Todavía nos quedaba luz así que en auto volvimos a San Francisco para coronar el día en una plaza, pero no cualquiera, en Alamo Square, mientras los niños jugaban, nosotros mirábamos las típicas casa Victorias, las de “3×3” (Full House) aunque en realidad, investigamos y la famosa casa no quedaba ahí, sino en unas cuadras vecinas, pero el estilo era el mismo.

El día siguiente recorrimos Castro y The Mission dos barrios más bohemios, con murales pintados, y más artistas. Luego fuimos a Berckley donde nos encontramos con unos amigos que nos mostraron la universidad. Parece un panorama fome para niños, pero estas universidades son verdaderos parques así que no se aburrieron tanto. Almorzamos, se nos hizo tarde y volvimos a San Francisco para terminar el día y nuestra estadía en el Golden Gate Park, un parque gigante, con árboles enormes y donde encontramos un lugar para los más chicos con toboganes, pozos de arenas y juegos increíbles. La guinda de la torta. “Niños, ¿qué fue lo que más les gustó?” Estaban confundidos, “el tranvía, el chocolate, el carrusel o el puente rojo”. En definitiva, San Francisco y California, para toda la familia.

Golden Gate

 

 

 

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