Mi guagua ya no es guagua

Mi guagua ya no es guagua

Javiera | Publicado en abril 10, 2015

No me ha sido fácil asumirlo, pero tengo que dejar de ver a la Agustina (2 años 2) como una guagua, por el hermano que viene, por mi y sobre todo por ella.

Esto de “aguaguar” a la Agus me pasa desde que era muy enana (escribí alguna vez sobre el síndrome de Peter Pan”). El problema es que ahora no tiene nada de chica y me cuesta creer y darme cuenta lo grande que está. Me imagino que esto es típico con los segundos, porque el mayor pasa a ser grande altiro, pero al que viene lo comparamos con el mayor y es mucho más chico.

Por eso no me deja de asombrar que llegue al jardín y sepa hacer toda la rutina de colgar su mochila, sacar sus cosas y dejarlas en donde corresponde, que reconozca su distintivo, que se sepa canciones, que podamos tener conversaciones, que interactúe a la par con su hermana, que juegue y se entretenga sola o con su prima, que pesca un libro y se siente solita a hojearlo. Hasta a veces pienso que no me entiende cuando en realidad ya cacha todo… y me sorprendo. Hasta tengo la mala costumbre de tomarla mucho en brazos y decirle “Quién es mi guagua” (en contra posición a la Clara que le digo “mi hija mayor”).

Pero ahora llegará una guagua de verdad, y por una parte tengo que hacerla sentir que es grande y que eso me pone orgullosa, para que no sienta tanto que le quitan su puesto de “la guagua de la casa”, y por otra parte, porque tengo que dejarla crecer para que pueda seguir desarrollando su autonomía.

No ha sido fácil, pero ya estoy en campaña de menos brazos, mucho refuerzo positivo recalcándole lo grande que está y haciéndola ver lo beneficioso que es ser más grande y no ser guagua (aunque estoy segura que ella se jura grande). Ya no le digo “mi guagua”, sino que busco nuevas alternativas para decirle que será “la del medio igual que la mamá”.

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