El dilema de la chacota

El dilema de la chacota

Javiera | Publicado en noviembre 7, 2014

Estoy viendo a mi mamá cuando diciéndonos “Dejen de chacotear, las chacotas siempre terminan mal” y ahora soy yo la que constantemente les dice lo mismo a la Clara (3 años 10) y a la Agustina (1 año 9). Es que su nueva modalidad de juego es “la chacota”.

La Agustina no encuentra nada más entretenido que subirse a la espalda de la Clara y abrazarla por el cuello (lo que se transforma en acogotarla). Parten riéndose, con carcajadas y gozando. La Clara la vota, se vuelve a subir, le hace caballito, se ríen un rato, pero por lo general termina en una en el suelo, un mechón de pelo en la mano y llanto por una o ambas partes.

Cuando parte esta dinámica sale mi madre interior: “Niñitas, las chacotas terminan en pelea”. Algunas veces las dejo, porque me gusta que jueguen, disfruten y se rían entre ellas, es parte de ser hermanos. Pero otras veces, trato de evitarlo y separarlas a la brevedad para evitar llantos y peleas.

Siempre me encuentro en la encrucijada: ¿las dejo chacotearse aunque termine en pelea o evito la chacota para ahorrarme la pelea?

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