8 errores comunes que dañan el autoestima de los hijos

8 errores comunes que dañan el autoestima de los hijos

Javiera | Publicado en noviembre 23, 2014

Todos los que leen este blog amamos a nuestros hijos y queremos lo mejor para ellos, que crezcan sanos y sean felices. Sin embargo, muchas veces hacemos cosas dentro de nuestra vida cotidiana que sin querer, ni darnos cuenta van dañando su autoestima. Una sana autoestima es clave para el desarrollo de los niños y su infancia es fundamental para formarla. Por eso, la imagen que como papás les transmitimos de ellos a ellos es crucial.

Les comparto ocho errores típicos (según algunas psicólogas) que cometemos los papás sin darnos cuenta y que dañan la valoración personal de nuestros hijos. Ojo para que seamos conscientes y tratemos de evitarlos:

1. Cuando les exigimos más que sus capacidades y edad.
Es un clásico que sin darnos cuenta, porque nuestro hijo sabe hacer tal o cual cosa, le exigimos todo el tiempo que lo haga o que mejore… sobre todo con el mayor que lo “agrandamos” sin darnos cuenta. Por ejemplo, si está aprendiendo las letras, ya queremos que sepa escribir y le exigimos que nos escriba, cuando todavía no tiene el desarrollo cognitivo para ello. Obviamente esto se hace porque queremos desarrollar al máximo su potencial, pero estamos poniendo sobre ellos una presión muy fuerte, que probablemente va más allá de lo que él puede hacer y eso lo lleva a sentir que nunca cumple con las expectativas de sus papás.
¿Cómo podrían actuar?
Es bueno valorar el interés y curiosidad del propio niño por aprender, pero no es recomendable “perseguirlo” para que siga aprendiendo en todo momento. Es necesario plantear exigencias y expectativas realistas y no sobre exigirlo.

2. Cuando somos intolerante con los errores.
Por querer mostrarnos “firmes” enviamos el mensaje de que no está permitido equivocarse. Por ejemplo, si un niño miente que fue él el responsable de que se rompiera u florero y después llega arrepentido pidiendo perdón y diciendo la verdad, se le da un castigo severo porque “en la casa no se miente”. Esto hace sentir que se debe ser perfecto y eso es algo imposible de lograr.

¿Qué se debería hacer?

En vez, deberíamos aprovechar la situación para explicarle que no debió mentir y que deberá reparar el daño causado (por ejemplo, hacer algún sacrificio para reponerlo), pero valorar su arrepentimiento, enseñándole que en la vida nos podemos equivocar, lo importante es tratar de no volver a hacerlo. Mostrar que equivocarse es natural y no significa fracasar, enseñándole que los errores pueden ser una fuente de aprendizaje. Además, darle a entender que haga lo que haga la seguimos queriendo y que nuestro afecto es incondicional, a pesar de sus errores. Esto no significa que tengan que aceptar todas las conductas. Se puede poner límites a la mentira, pero sin hacer que ello signifique que se sienta criticado como persona.

3. Cuando no valoramos los logros.
Cuántas veces estamos constantemente “criticando” para que mejoren, en vez de felicitar o destacar las cosas que han hecho bien. Cuántas veces retamos porque desordenaron la pieza, pero cuántas los felicitamos por que la pieza la dejaron ordenada después de jugar… por que así es como deben ser las cosas.
¿Qué se puede hacer?
Valorar las buenas acciones, desde pequeños detalles como “Que lindo te quedó el dibujo” hasta sus grandes logros “Felicitaciones, te lavaste los dientes sin que te lo tuviera que decir, estoy muy orgullosa de ti”.

4. Cuando no valoramos el esfuerzo.
Siguiendo con el ejemplo del orden, cuántas veces no valoramos que se esforzaron por ordenar. Tal vez no dejaron según la clasificación que tenemos de los juguetes, pero ordenaron a fin de cuentas y los retamos porque no quedó bien ordenado y volvemos a ordenar por ellos. Así les mostramos que solo importa e resultado y ellos se frustran porque su empeño no vale la pena.
¿Qué se puede hacer?
El aprendizaje es un proceso que requiere de tiempo y práctica. Los adultos debemos ser pacientes y esperar que los resultados se vayan dando gradualmente, valorando el empeño, las ganas de lograrlo y la dedicación que le ponen, más allá de si el resultado obtenido es o no el óptimo. Cuánto más educativo sería decirle “Te felicito por haber ordenado, la próxima vez te enseñaré el lugar de cada cosa”.

5. Cuando desvalorizamos sus capacidades y/o comportamientos.
Es común decir comentarios descalificativos de los niños sin darnos cuenta. Por ejemplo, le encanta cantar y le decimos “Claramente no salió músico”, o tiene poca motricidad gruesa y le decimos “Tan torpe que es, ya botó a otro niño”.
¿Qué se puede hacer?
Disminuir la crítica, centrándose en la acción y no en el niño. No importa que no tenga la mejor voz, puede cantar de todas formas sin hacerlo sentir desafinado. También hay que hacerles ver que comprendemos lo difícil que puede ser el desafío de mejorar un determinado comportamiento, como ser más cuidadoso y no empujar.  También, hay que confiar en sus capacidades del niño, haciéndole ver que sabemos que puede mejorar.

6. Cuando los comparamos constantemente.
Qué fácil que es comparar a un hijo con un hermano, amigo o primo. “Tu hermana come mucho mejor que tú”. Las comparaciones constantes hacen que los niños desarrollen sentimientos de inferioridad (y muchas veces rabia contra la persona con la que la comparan).
¿Qué se puede hacer?
Poner el foco en el proceso del propio niño e ir haciéndonos conscientes de sus propios avances y logros, independiente de lo que sean capaces de realizar los niños que la rodean. Debemos comprender que cada uno tiene su propio ritmo y su propio perfil de habilidades y competencias, por lo que compararlo con otros no le ayuda en absoluto. Y si espero que mejore una conducta no lo hará porque “otro lo hace mejor”. Además desarrollaremos una faceta competitiva poco sana en él,  debería mejorar por él mismo, no para ser mejor que otros.

7. Cuando los etiquetamos.
El que no ha etiquetado alguna vez a un hijo que tire la primera piedra. ¿Cuántos “desordenado”, “niño terremoto”, “matón”, “mañoso”, “flojo”, etc. les decimos constantemente a nuestros hijos cuando tienen una conducta reiterad? Al final lo que logramos es hacer que sientan que esa etiqueta es lo que se espera de él por lo que termina comportándose de ese modo ya que se asumió como tal.
¿Qué se puede hacer?
En vez de decirle “eres mañoso, matón, etc””, decirle, “no hagas pataleta cuando las cosas no te gustan”, “no puedes pegarle a los otros niños”. Así el énfasis se pone en la acción a corregir y no en la debilidad de la persona. Decirles que “son” cierta cosa (peleadores, flojos, mentirosos, llorones) sólo los hace afianzarse en ese rol. Por ello es fundamental poner el acento en el cambio esperado y felicitar cualquier pequeño avance en esa dirección.

8. Cuando hacemos cosas que deben hacer ellos.
Tantas veces por ahorrarnos tiempo o evitar una pelea hacemos cosas que ellos deberían hacer solos. Desde vestirlos en la mañana para no salir atrasados, hasta dejar algún juego ordenado. A pesar de que muchas veces se hace con la mejor de las intenciones, lo que estamos haciendo es decirle que no es capaz de hacer las cosas por sí mismo, por lo tanto el se siente incapaz de hacerlas por sí mismo. Irónicamente después nos quejamos de que no se sabe vestir solo o es muy desordenado.
errores
Tenemos que entender que nuestra tarea es acompañar y ayudar a los hijos en su desarrollo, no reemplazarlo o hacerlo por él. Podemos recomendarle soluciones, pero dejarlo intentarla por su cuenta y equivocarse, por doloroso que sea verlo. Aunque nos tome más tiempo, hacer que se vista solo y si va a llegar tarde que asuma las consecuencias.

En definitiva, para que nuestros hijos  desarrollen una sana autoestima es fundamental que los aceptemos incondicionalmente, que tengamos expectativas claras y aterrizadas de sus capacidades y que se desenvuelva en un ambiente de respeto y valoración.

1 Comentario

  1. Jose 24.11.2014 - 18:24

    Que Bueno jla!!!

    |

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos necesarios están marcados *