Empezando a desafiar

Empezando a desafiar

Paula | Publicado en octubre 2, 2012

Desde hace un tiempo que mi Josefina está muy dominante (se ve exquisita en este papel, debo confesar mi debilidad jaja). Si no hago lo que ella quiere cuando quiere, se enoja. Y tiene bien claro lo que quiere, desde cosas chicas como que me obliga a sentarme al lado suyo “ti ta” me dice, como queriendo decir “siéntate acá” hasta ejemplos más peligrosos como que por ningún motivo quiere ir de la mano cuando caminamos por la vereda.

El tema es que, en el primer caso, no me importa sentarme con ella si es que puedo, y como dice mi amiga María Paz complacerla y hacerla feliz. Pero en el segundo caso, es peligroso dejarla caminar sola, podría escaparse y salir a la calle, entonces tengo que ponerme firme.

Y así se la ha pasado, desafiando mi firmeza.

Por suerte, ayer me contó mi cuñada, que tiene un hijo de la misma edad, que el pediatra le dijo que es la etapa que les toca, donde empiezan a probarnos y ver hasta dónde podemos llegar. Y así empezar a crear sus propios límites.

Yo me quedé pensando, qué difícil!! Tengo que hacerle ver qué se puede y qué no, y si no me hace caso, habrá que castigar? Es tan chica…claro un mini castigo supongo. En fin…ya les contaré qué me ha dado resultado y qué no. Se reciben consejos también.

Paula

2 Comentarios

  1. xime 2.10.2012 - 12:30

    Que se cree de ir sola por la vereda! Si tiene un año!

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  2. Javiera 2.10.2012 - 13:05

    Te entiendo tanto! Nada más difícil que contradecirlas, y más aun cuando hacen cosas que nos dan mucha risa. Cuando la mía partió así (no digamos que se le ha quitado, pero estamos llevándolo mejor), mi hermana me aconsejó sabiamente lo siguiente: Están en una etapa de ver hasta dónde nos pueden dar el brazo a torcer, un gallito, y donde ellas van creando tanto la autoridad de nosotros, como la seguridad en ellas (por que nosotros se las trasmitimos). Pero tampoco nuestra relación con ellos puede convertirse en pura pelea, por que necesitan a la mamá amorosa también. Por eso, es importante decidir qué cosas creemos que son realmente importantes (unas 5 o 6) y dar esas batallas, sin flaquear por mucho que cueste… Lo demás hacerse un poco la tonta. Así les trasmitimos seguridad sin convertir la relación en una guerra de quién manda a quién.

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