Rodando por la escalera

Rodando por la escalera

Ximena | Publicado en agosto 31, 2012

Mi casa siempre fue una casa con mucha gente, mucho ruido y muchas manos para ayudar en caso de que lo necesitaras. Ahora viviendo en Valdivia somos solo tres, y ahí se deja de contar. Y cuando Juan Ignacio se va de viaje somos dos: una guagua y yo.Imagen

Por otro lado, si hay gente que se siente mejor que nunca cuando espera guagua, yo soy todo lo contrario. Los vómitos, desmayos, dolores de cabeza  y calambres, son parte del proceso.

Con estos antecedentes, cuento la historia.

La semana pasada, Juan Ignacio tuvo que viajar a Concepción y nos quedamos solas. Ya nos habíamos quedado solas otra veces, pero era antes que Ximenita se convirtiera en un kamikaze, arrasara con todo lo que encuentra y sus lugares favoritos fueran los más peligrosos.

Tipo ocho, justo antes de tener que acostarla, tengo que partir corriendo al baño por culpa del embarazo. En eso estaba cuando oigo el clic de la reja que tapa la escalera y después el ruido de un saco de papas cayendo… silencio…unos segundos que se hicieron eternos…¡Un grito!

-Está viva- pensé, y partí corriendo.

Pataleaba  y gritaba como loca a dos escalones del suelo. La tomo en brazos y ella muerta de susto no me dejó soltarla hasta como una hora después.

Yo con el cargo de conciencia de la vida pensando qué se hace en estos casos.

¿Se lleva a la clínica?¿Pueden dormir?¿ Habrá quedado inválida?

Sin poder pensar muy bien y aplicando la peor estrategia, como no sabía qué hacer, no hice nada y finalmente un poco antes de las doce de la noche las dos nos quedamos dormidas esperando que nuestro próximo pijama party sea sin accidentes.

Xime

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